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Aunque el título pueda parecer desalentador, no lo es en absoluto: no hablaremos del asedio de nuevas enfermedades, problemas en la infraestructura sanitaria ni aumentos en las tarifas de medicina prepaga. Nada de eso. Lo que el título supone, por el contrario, es el avance de un nuevo paradigma tecnológico, que, entre otros ámbitos, ya ha alcanzado incluso al del cuidado de la salud. Se trata, por supuesto, de cloud computing, esta nueva forma de administrar los servicios y el almacenamiento de la información a través de Internet, que anticipa lo que será el uso de la red en los próximos años.
La Nube, tal como se la conoce, ofrece enormes ventajas tanto para el usuario doméstico como a las PYMES y grandes empresas. A los primeros les permite, por ejemplo, guardar información en servidores externos y tenerla siempre disponible desde cualquier dispositivo conectado a Internet, así como usar programas sin necesidad de instalarlos en sus aparatos. Para las empresas, esas mismas ventajas hacen de cloud computing una nueva y valiosa herramienta a la hora de ahorrar recursos, además de hacerles ganar en tiempo, resguardo de la información y eficiencia.
En el campo de la salud, cloud computing propone una variedad de soluciones que repercuten en beneficios tanto para las empresas prestadoras como para los médicos y pacientes.
¿Cuántas veces nos ha pasado que al cambiar de médico hemos tenido que relatarle todos nuestros antecedentes de salud? ¿O que al tener que hacernos un estudio nos pidieran los resultados del estudio anterior? ¿O tener que esperar varios días por la impresión de un estudio, y otro tanto para poder llevarle los resultados al médico tratante?
Las soluciones basadas en la Nube favorecen, por un lado, la unificación de la información del paciente, aunque ésta provenga de diferentes especialistas, locaciones o servicios médicos. Así, toda nuestra historia clínica podría estar alojada en un solo lugar y a solo un click de distancia, incluyendo imágenes médicas, análisis de laboratorio e información farmacológica. Con dichas soluciones, toda esa información es, además, procesada y clasificada, de modo tal que los profesionales cuentan con mayor cantidad de datos para el diagnóstico, pero no en forma aleatoria o desordenada, sino organizados por su grado de relevancia. También se mejora el cuidado del paciente al eliminar pruebas redundantes y reducir la exposición a la radiación generada por algunas de ellas.
Por otro lado, como la información e imágenes médicas están disponibles todo el tiempo y en cualquier lugar, es posible hacer interconsultas con especialistas de todo el mundo, sin traslados ni demoras. En casos de emergencia o ante un accidente, por ejemplo, la institución de atención primaria que recibe al paciente y realiza los estudios para determinar la necesidad de una cirugía puede poner esos resultados a disposición del equipo médico que realizará la intervención –aunque éste se encuentre en otra ciudad- , permitiéndole prepararse adecuadamente mientras el paciente es trasladado.
Finalmente, la tarea organizativa y operativa se ve simplificada porque ciertos datos demográficos (como sexo, edad, domicilio) se cargan sólo una vez por paciente, y al disminuir la administración de activos físicos -por utilizar proveedores de software online- se potencia un mayor enfoque en los servicios provistos.
En términos de políticas sanitarias, los datos acumulados en estos registros electrónicos unificados serían de gran utilidad para la investigación, evaluación y comparación entre las distintas evoluciones en la salud de los pacientes. También para realizar estudios epidemiológicos, obtener estadísticas, reasignar recursos, diseñar planes y trazar acciones preventivas de acuerdo con las necesidades de la población.
En todos los casos, una de las principales cuestiones a resolver será la de mejorar la forma en que se administra y accede a la información médica bajo resguardo, por tratarse de información protegida que requiere mayores niveles de seguridad que los que se pueden alcanzar en un ambiente de nube pública. En este sentido, las nubes privadas ofrecen actualmente la mejor opción, ya que permiten compartir información a la vez que proveen la seguridad necesaria para garantizar la confiabilidad y su acceso autorizado, asegurando que la información del paciente esté protegida y siempre disponible cuando se necesite. En el largo plazo, será muy probablemente el modelo de nube comunitaria el que transforme la oferta en las empresas dedicadas al cuidado de la salud, invitándolas a compartir información más allá de las fronteras tradicionales de la organización pero respetando a la vez la protección de la confidencialidad del paciente.
Pero para eso faltará un tiempo; la virtualización en materia de salud aún es incipiente. De acuerdo con los analistas, en la actualidad solo se registra entre un 15 y 20% de las organizaciones a escala global que han virtualizado sus servidores, es decir, que alojan su información en forma remota a través de Internet, aunque éstas ya están reportando ahorros sustanciales. Más tarde o más temprano, hacia allí irá toda la estructura de salud. El siguiente paso para las instituciones médicas será elegir la correcta arquitectura y la asociación con el grupo de proveedores adecuados. A partir de allí, estarán desarrollando las bases de lo que será la red de abastecimiento de servicios de salud del futuro. (Daniel Canepa -en la foto-, gerente de Desarrollo de Negocio LAR, Carestream). |